Uno más, pero muy diferente...

Va a acabar mi querido enero del 2007. No puedo permitirme escribir sobre cierta fecha señalada y además, distintos hechos, situaciones, y experiencias me han confirmado las optimistas espectativas proyectadas en este nuevo año.
En este mes he cumplido 32 añitos. Una edad hermosa en la que la madurez aflora y una nueva vida comienza. Existen motivos más que justificados para expresar que “he vuelto a nacer” y multitud de experiencias vitales me esperan.
Quise celebrarlos por todo lo alto con una gran fiesta, y conseguí tal propósito reuniendo a los amigos y familiares de siempre (los que se quedaron, obviamente) a los que llegaron poco a poco (siempre estuvieron en su lugar, pero el tiempo y los hechos les pusieron de relieve con la luz apropiada) y a los que aparecieron justo este año (traídos por los avatares con los que la vida te tira de los pelos).
Hubiese sido perfecto contar con los que viven lejos, pero aunque no estuvieran presentes físicamente si se hallaban en mi corazoncito y demostraron su afecto con mails, sms y llamadas, detalles que sin duda emocionaron.
Inevitable mirar hacia atrás y ser consciente de lo atesorado en estos 32 "inviernillos". De que he sentido y padecido. De que en todo puse el alma, ganando unas veces la razón y perdiendo otras tantas el corazón.
Leí una vez en un artículo que vivir conlleva siempre un RIESGO, un RETO y un DOLOR. Imposible vivir una vida digna de tal nombre sin aceptar de entrada esos ingredientes. Es hora entonces de que me mire al espejo, esboce una sonrisa y mirándome a los ojos me diga: sigue hacia delante “pezqueñina” pues según esa mezcla, estás más viva que nunca.
Como colofón final una frase de Maruja Torres, una mujer que me ha dado pinceladas sugerentes para encauzar un nuevo año de mi vida que promete:
"Gracias a la vida, que me ha dado tanto. Pero sin música, sólo con latidos"