Deseo, deseo...

El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento.
Es el deseo de desear.
(Saber Perder, David Trueba)
Hoy, uno de mis pupilos de 7 años ha respondido cierta perlita (que estoy corrigiendo ahora y me acaba de emocionar en grado sumo) en una ficha creativa que hemos elaborado tras una animación lectora en la que se hablaba de alcanzar sueños y deseos:
¿Qué deseo querrías ver cumplido?
"Deseo que mis padres no dejen nunca de darse besos".
Mario, prepárate; mañana la teacher te deja marcadita esa preciosa cara..